15 feb. 2009

Adaptación de Bola de Sebo de Maupassant

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Conversación entre las religiosas

- La verdad es que me siento muy poco complacida por el viaje Sor Fortunata, nunca hubiera pensado tener que viajar en estas condiciones.
- Ay! Hermana Justina, ¡por favor!, piense que es una prueba que nuestro padre celestial nos ha enviado, para probar nuestra fe, una vez más….
- Si, bien dijo, una vez mas….
- Recemos, por el bienestar de aquellos soldados que requieren de nuestra caridad y atenciones, hermana Justina y que por fraude del clima, no hemos podido estar físicamente en vuestro territorio.
- Si, tiene razón hermana Fortunata, comencemos a rezar por esos soldados desprotegidos y aunamos nuestras pruebas de fe, para que nuestro señor, se compadezca y libre de todo pecado, a aquellos que han partido, y no han recibido una justa y merecida extremaunción.
- amén, dijo Sor Fortunata

Durante el trayecto, las dos religiosas, permanecieron pensativas, murmurando su discurso, de la manera más convencional, pero mimificando el rosario, parecían sumergidas en dos mundos totalmente diferentes e indiferentes unas a la otra, ni siquiera registraron el tiempo transcurrido, ni los lugares pertinentes.
Al llegar a la estación de Hardville, subió Elizabeth Rousset, mas conocida como “Bola de Sebo”.

- ¡Fortunata!
- ¿Qué es lo que le ha ocurrido, hermana Justina, que la escucho muy excitada?
- Mire hacia su izquierda, ¡mire quien ha subido al carruaje!
- ¿Quién, quién?


Las monjas dejaron de rezar el rosario de manera abrupta y se concentraron en mirar hacia su lateral izquierdo, donde se encontraba la puerta del carruaje abierta, mientras bola de sebo ascendía al mismo.

- Es la muchacha que nos ofreció sus alimentos en el anterior carruaje, hace un par de días, ¿Lo recuerda?
- Claro que si, hermana Justina, ¿cómo no recordarla?, si ha sido un alma bondadosa que nuestro señor nos ha enviado, para alivianar una de nuestras necesidades elementales. ¡Pobre criatura de Dios!
- Si, es una pobre muchacha de clase baja, que no midió en escala alguna, ofrecer sus reservas de alimentos de todo su viaje programado, a ese contingente hambriento, del cual fuimos partícipes.
- Si, es verdad, hermana Justina, una pobre sierva de Dios que se ha revelado, por sus impulsos moralistas, su paupérrima educación y sus precarios valores la han llevado a tomar el camino opuesto al que nuestro señor, nos ha marcado para que cada uno de sus hijos siguiéramos, sin entorpecer nuestro destino.
- ¿Eso es lo que piensa, Sor Fortunata?
- Si hermana Justina, eso es lo que creo. Es una pobre alma en vida, que pena y está luchando contra los avatares que el mal le interpone.
- ¿Considera que esta bajo la gran prueba de fe de nuestro señor, hermana Fortunata?
- No considero eso precisamente, hermana Justina, no eso justamente, mas bien, creo que ha sido poseída por el diablo, ese ser despiadado y deshonesto, que se ha aprovechado de una ingenua muchacha, que no tenía la suficiente fe en nuestro señor, quien ha hecho hasta lo imposible por retenerla, pero la oscuridad se ha apoderado de su espíritu, cegándola de una manera tan lastimosa, que tendrá que pedir muchas súplicas al cielo, y nosotras, hermana, debemos acudir e interceder por su alma.
- ¿Lo dice porque su subsistencia se basa en el cumplido sentimental que los hombres le proponen realizar?
- Ni lo diga, hermana Justina, ha cometido usted un pecado, al poner en sus palabras, connotaciones como esas que ha comulgado. Mas vale rece, rece mucho, para que nuestro señor la haya oído, porque deberá entonces arrodillársele una vez mas, en la capilla sobre la base de granos de las últimas cosechas.
- ¡Ay, mi Dios!, os ruego que me perdone, por haber ultrajado el vocabulario tan puro, que nuestra formación celestial nos ha otorgado, honrándonos de los atributos celestiales, al reconocernos como auténticas hijas del primer linaje divino.
- Hable por usted misma, Sor Justina, que yo he permanecido fiel a mis principios y educación que he recibido desde mi más prematura preparación como religiosa.

Mientras las monjas seguían debatiendo sobre consecuencias teológicas y castigos divinos, el carruaje llegó hasta la próxima y última estación: Munstich, un poblado en pleno combate revolucionario, producto de los enfrentamientos de la guerra franco-prusiana, que ya había dejado como saldo mas de cinco mil heridos y unas trece mil muertes.

Las religiosas bajaron del carruaje, para empezar su labor como enfermeras caritativas, tratando de impedir las muertes de más soldados en plena batalla, acudiendo a sus encuentros, para ofrecer sus servicios.
Bola de sebo, continuó su viaje en el carruaje, sin siquiera ser conciente que lo había compartido con ese par de hermanas religiosas, a las que dio de comer muy gentilmente hacía un par de días.


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1 Response to Adaptación de Bola de Sebo de Maupassant

Anónimo
14 de agosto de 2010, 17:38

bola de sebo es una mierda.........................................
maupassant iso una cagada al escribir esta maldita
obra

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