9 feb. 2012

Erebo

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Érebo (en latín Erebus) era un dios primordial, personificación de la oscuridad y la sombra, que llenaba todos los rincones y agujeros del mundo. También se le llamaba Skotos. Se decía que sus densas nieblas de oscuridad rodeaban los bordes del mundo y llenaban los sombríos lugares subterráneos.
Según Hesíodo, Nix y Erebo eran descendientes del Caos. En la versión de la tradición órfica se afirmaba que Érebo era hijo de Cronos (el tiempo) y de  Ananké; siendo Ananké (llamada en la mitología romana Necessitas (necesidad)) en esta tradición órfica, la madre de las Moiras y la personificación de la inevitabilidad, la necesidad, la compulsión y la ineludibilidad.


Nix arrastraba las oscuras nieblas de Érebo por los cielos llevando la noche al mundo, mientras Hemera las esparcía trayendo el día. Nix bloqueaba la luz del Éter (el aire superior brillante y luminoso) y Hemera despejaba la oscuridad permitiendo que el Éter volviese a iluminar la tierra. (Adviértase que en las antiguas cosmogonías se consideraba que la fuente del día era el Éter o atmósfera brillante y no el sol.)


De acuerdo a algunas leyendas posteriores, Érebo era parte del Hades, el inframundo, e incluso a veces se usaba como sinónimo. Él era el lugar por donde los muertos tenían que pasar inmediatamente después de fallecer. Después Caronte los porteaba cruzando el río Aqueronte, y entraban al Tártaro, el verdadero inframundo.

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