16 feb. 2009

Lamentos en la cripta del convento

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En la plaza de Santo Domingo, se encontraba uno de los conventos más grandes que había en Madrid.

En el siglo XV, un poco antes del descubrimiento de América, moría en Madrid doña María de Cárdenas, esposa de un bisnieto de D. Juan de Castilla. Fue enterrada en la cripta que había en el convento de Santo Domingo y que estaba reservada sólo para los familiares y descendientes de Juan de Castilla.
La misma noche en que María de Cárdenas había sido enterrada, la paz del convento quedó perturbada por los terribles aullidos y golpes que procedían de la cripta. Las monjas, aterrorizadas, pensaban que se trataba del alma de María que penaba por sus pecados. Durante tres días las monjas vivieron angustiadas y aterrorizadas por aquellos terribles gritos que resonaban por todo el convento. Rezaron, encendieron velas y se encomendaron a todos los santos pidiendo por la paz eterna del alma en pena de María. Al cuarto día la paz volvía al convento, ya no se escucharon más lamentos ni aquellos terribles golpes, las monjas respiraron tranquilas, las oraciones parecían haber hecho efecto y el alma de María de Cárdenas por fin estaba en paz. Pocos meses después, el esposo de la difunta vino a Madrid, como no había estado con su esposa el día de su muerte ni el de su entierro, quiso visitar la cripta donde fue enterrada y orar por el descanso eterno de su esposa. Al abrir la cripta vieron una escena horrible, María de Cárdenas yacía muerta en el suelo, con la mortaja hecha jirones y su rostro mostraba signos de verdadero horror. María de Cárdenas había sido enterrada viva, la mujer sufría periódicamente desvanecimientos que la sumergían en estados catalépticos.

Las monjas, más horrorizadas todavía por lo sucedido no pudieron hacer otra cosa que redoblar sus oraciones por el descanso eterno de María.



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